De la serie Mensajes
Fernando de Szyszlo en 1975
Entrevista: Carlos Barreiro Ortiz*
“El problema de expresarse con colores en una superficie de dos dimensiones, no ha sido resuelto”
F de S: La primera vez que vine a Bogotá, vine invitado por Marta Traba cuando tenía el entonces incipiente Museo de Arte Moderno en la carrera séptima. Eso fue en el año 1964, y corresponde a una época muy importante para mi pintura, porque expuse aquí la serie que hice sobre una elegía quechua: el Apu Inka Atahualpan. Después expuse dos veces en la Galería San Diego, y el Museo de Arte Moderno hace dos años mostró la retrospectiva de mi trabajo que había organizado el Center for Interamerican Relations de Nueva York, y que se exhibió también en el Museo de Arte Moderno de México.
CBO: De manera que es ésta su quinta exposición en Colombia. ¿Podría hablarnos de la exposición que se inauguró el 20 de marzo en la Galería San Diego?
F de S: Esta exposición representa lo último de mi trabajo. Como siempre, representa una serie. Los cuadros no tienen título individual porque en realidad es un conjunto de cuadros. Aquí en Bogotá estoy exponiendo los estudios, los grabados y los cuadros vinculados a esta serie que se llama La casa del cóndor. Es lo que he pintado en los últimos diez meses.
CBO: ¿Es posible identificar algunos de los temas de los cuadros?
F de S: Es difícil, ¿sabe usted?; es un conjunto de elementos formales que como todas las formas en mi pintura tienen asociaciones que ni yo mismo puedo precisar. Son asociaciones antropomórficas con figuras humanas, asociaciones de paisaje, asociaciones de animales. En realidad, lo que en conjunto quisiera que sume, es una expresión de lo que yo siento; es decir, de mi circunstancia del hecho de ser un pintor peruano trabajando en Lima en 1975. Entonces, hay allí una suma de sensaciones, de sentimientos que quisiera como que diera la sensación de misterio, de desconcierto, a ratos de desesperanza que me produce el estar vivo.
CBO: Usted participa de las influencias precolombinas que se observan en casi todos los pintores del Perú.
F de S: Cuando me refería a mis circunstancias pensaba entre otras cosas en eso; es decir, en mis circunstancias siendo pintor peruano. Parte de mi tradición es occidental, parte de mi tradición es precolombina. Yo tengo esperanzas de que el contacto permanente y deliberado con el arte peruano prehispánico haya dejado trazas en mi trabajo. Ahora, esto nunca ha sido deliberado. Así como el contacto con la obra de Picasso o de Miró en un artista joven puede haber dejado una cierta influencia, espero que ese contacto que generó una influencia que sigue permanente, que sigue asimilada, ya hecha sangre mía, es decir, no transpuesta de la obra de arte precolombina a la mía sino asimilada, digerida... salga, se manifieste de alguna manera en mi trabajo.
CBO: En esta exposición se observan algunos grabados; ¿es un trabajo reciente o antes había ejercitado esa técnica?
F de S: Hace mucho tiempo hice grabados en París; allí en la década de 1950 hice unas litografías. Pero esta es la primera vez, diría yo, que me meto a hacer grabado en serio. Es un grupo mexicano –el Taller de Grafía Mexicana– el que me invitó a que hiciera cinco grabados en un procedimiento nuevo que llaman mixografía, en el cual a la litografía en colores –a las siete litografías en colores– se suma una plancha de metal. Entonces, además del color, esto da una textura especial al grabado, que es un invento patentado por ellos y que da unos resultados sorprendentes que son más cercanos al trabajo de pintura que al grabado. La apariencia, como se ve, es más la de un cuadro que la de un grabado.
CBO: ¿Cómo se siente utilizando todavía óleos, pinceles y caballete en una época en donde se hacen tantos experimentos en las artes plásticas?
F de S: Creo que los experimentos siempre han sido saludables y siempre han ayudado al desarrollo del arte. Ahora, después de pintar durante 30 años, para mí el problema de expresarse con colores en una superficie de dos dimensiones no ha sido resuelto, y probablemente, no será resuelto nunca. Es eso lo que tiene de estimulante, de tantalizador el hecho de pintar: que ese problema de expresarse en colores en una superficie plana es inagotable. Ahora, los experimentos son bienvenidos, pero mi problema personal es tratar de expresarme en colores en dos dimensiones.
CBO: ¿Cree usted que su pintura se pueda identificar como de origen latinoamericano?
F de S: Yo espero, como le digo, que mi circunstancia latinoamericana expresada honestamente dé por resultado una pintura un poco diferente a la otra; digo un poco diferente porque al fin y al cabo los latinoamericanos, querámoslo o no, somos occidentales. Pero en una expresión honesta de un latinoamericano debería haber características, por sus circunstancias propias, que la hacen diferente de otras expresiones de otras partes del mundo. Entonces, la condición única –me parece– para que haya una pintura latinoamericana sería que hubiera una buena pintura en América Latina. Si es buena tendría esas características, como Goya es español o Braque es francés. Entonces, los buenos pintores latinoamericanos serían latinoamericanos.
CBO: Acerca de su respuesta anterior, algún crítico –argentino, creo– planteaba que existe una disyuntiva para esta parte del mundo: participar de las raíces propias, digamos prehispánicas, o mimetizarse en el arte llamado internacional. ¿Cuál es su opinión?
F de S: Creo que el problema está simplificado, pero ese es el problema. Nosotros, al comenzar a crear en cualquier campo, tenemos que escoger entre hacer un arte colonial, un arte derivado del arte que vemos que triunfa y tiene éxito, aquel del que se habla en todas partes, y un arte que modestamente trate de encontrar un equivalente a lo que nosotros sentimos profundamente. Yo creo que esa elección es muy clara y muy obvia. En América Latina es evidente: a nadie se le podría ocurrir que una novela de Vargas Llosa o de Cortázar pudiera ser otra cosa que producto de un hombre latinoamericano. Nosotros creemos que eso va a llegar o ha llegado también en la pintura: que hay unas características que el medio ha exportado y que el artista no ha hecho más que transmitir.
CBO: ¿Qué podría comentar acerca de la actividad de las artes plásticas en su país?
F de S: Las artes plásticas en el Perú no han sido el medio de expresión más desarrollado, frente a una enorme y constante tradición poética de primera clase desde el siglo XIX. La tradición plástica ha sido más bien esporádica: ha habido nombres y vacíos. En este momento, yo creo que se está retomando un camino más constante de calidad en la producción; hay un grupo de jóvenes que trabaja en cosas más interesantes.
CBO: Con ocasión de la exposición este año de un artista peruano, decía el señor Karl Bucholz que él creía que en el Perú la gente es mucho más visual que en Colombia, en donde se lee más pero en las casas hay pocos cuadros. Según él, sucede lo contrario en el Perú.
F de S: Es verdad. Hay muchos cuadros en las casas, pero, digamos que lo que más hay son cuadros coloniales cuzqueños; es decir, la tradición de una vinculación del medio con la producción de artistas contemporáneos es de muy reciente fecha. El cambio que ha habido en Lima en los últimos 15 años es enorme, pero yo creo que es equivalente al cambio que se ha presentado en Bogotá. Quiero decir, que si usted va a una casa en Perú, lo más probable es que los cuadros que vea –que son bastantes– sean cuzqueños.
CBO: ¿Es posible que las influencias prehispánicas se conviertan en un lastre para los pintores peruanos?
F de S: Creo que las influencias de cualquier clase pueden actuar en forma positiva o negativa. O, sea: la influencia de Picasso, de Tapies, del pop-art, del arte conceptual, como la del arte precolombino, puede ser negativa. Es decir, hay una manera en que las influencias alimentan a un artista y hay una manera en que lo destruyen, en que le niegan su propia personalidad. Entonces, es más bien el uso que cada uno de nosotros hacemos de esos puntos de partida, de esos cimientos, el que justifica o niega los resultados.
CBO: ¿Cree que exista una diferencia marcada entre la pintura colombiana y la pintura del Perú?
F de S: Yo le diré que no creo. Los problemas que se plantean los pintores colombianos y peruanos son muy similares. Los resultados son evidentemente diferentes porque son trabajos de distintas personalidades, pero los problemas son muy parecidos porque las circunstancias y los países son muy parecidos. Si nosotros quizás tenemos un peso mayor de población indígena, un peso mayor de tradiciones precolombinas, las circunstancias políticas, sociales, históricas son muy parecidas. Yo creo que todos los países andinos tienen unas circunstancias semejantes; será por eso que nos sentimos tan próximos unos a otros.
* Esta entrevista se transmitió a través de la Radiodifusora Nacional de Colombia el 6 de abril de 1975, en la emisión número 11 del Programa Especiales de Colcultura, con la producción y presentación de Carlos Barreiro Ortiz.